Y allí me encontraba yo, entre aquellos dos maestros; uno, decía ser advaita; el otro, gnóstico. Y ambos, ser Dueños del Viento. E iniciaron la conversación. O el monólogo: ellos mismos se preguntaban y se respondían.
-¿Puede el viento ser nuestro? Realmente, no hay separación entre el Viento y Nosotros. No hay ese Nosotros al margen del Viento. Somos el mismo Viento. Es más: en realidad, ¿somos algo? Claro, literalmente, somos Todo y Nada. No somos algo en concreto, somos nada y somos todo. A efectos prácticos, trascendiendo nuestras propias limitaciones mentales que nos "encasillan" en ese "algo", somos ilimitados. Y por supuesto, por ser "algo", podemos ser el mismo viento. Y por consiguiente, por "hacer algo", podemos dominar el viento. Pero, ¿se ve la simultaneidad?, ¿se siente? Eso es: es sentirla; si no se siente, no se ''ve".
El maestro advaita hizo silencio. Y el otro tomó la palabra.
-Las gentes comunes y corrientes viven en este mundo de tres dimensiones ignorando la existencia de una Cuarta Coordenada, de una Cuarta Dimensión. Es necesario saber que más allá de nuestro mundo tridimensional, está la Dimensión Desconocida, la Región Etérica. En esa Región Etérica, en esa Cuarta dimensión viven las Criaturas Elementales de la Naturaleza.
A tales criaturas se les dará el nombre de Elementales, precisamente porque viven en los Elementos.
Todos estos Elementales de la Naturaleza son útiles en la gran creación; algunos animan el fuego; otros impulsan el aire formando los vientos; aquellos animan las aguas; estos otros trabajan en la alquimia de los metales dentro de las entrañas de la tierra.
Nosotros, los gnósticos, podemos ponernos en contacto con los Elementales y conocer las maravillas y prodigios de la Naturaleza viajando por entre esta Cuarta Dimensión.
Realmente, en el seno profundo de la Naturaleza, en los parajes más lejanos, en el misterio de las selvas, existen Duendes, Hadas, criaturas que las gentes de la ciudad ni remotamente sospechan.
Desarrollando la Clarividencia podremos verificar la realidad de la Cuarta Dimensión y de las Criaturas Elementales que en ella viven.
El organismo humano tiene infinitas posibilidades que los hombres de ciencia ni remotamente sospechan. Cuando un cuerpo físico se sumerge dentro de la Cuarta Dimensión puede asumir cualquier figura y hasta abandonar parte de sus miembros. Día llegará en que los sabios puedan verificar la realidad de la Cuarta Coordenada y todas sus infinitas posibilidades de tipo metafísico. Nosotros los Gnósticos tenemos medios y procedimientos para desarrollar las facultades psíquicas necesarias para entrar en esta Cuarta Dimensión a voluntad, conscientemente. Así, podemos contactar con tales Criaturas de la Naturaleza, y, por supuesto, con los que impulsan el aire formando los vientos, y, así, poder dominar el viento a nuestro antojo.
Su perorata terminó.
Sonreí.
Ya sea un maestro advaita u otro gnóstico, tienen su propia forma de comprender la realidad. Bueno, corrijo: la realidad de “ahí afuera funciona” como si fuera una hoja en blanco, y cada uno la “decodifica”, si es que haya código alguno que decodificar, según él mismo crea haber comprendido tal supuesto código. El caso es que, haya código o no que descifrar, esa certeza comprensiva es la que realmente funciona, es la que, a efectos prácticos, tiene los resultados esperados. Cada uno defenderá su postura, pues, en virtud de que así le funcione. Así ha sido y así siempre será.
Seguí sonriendo.
Dos maneras de llegar al mismo efecto. Sí, las cosas suceden (o nos suceden) y le encontramos la explicación que más nos convence. Encontramos o, al menos, pretendemos encontrar, la lógica, el camino, la causa que nos haya llevado a contemplar tal efecto; el porqué; el cómo…
Le damos un sentido.
Al fin y al cabo, ¿qué sentido tendría un sin-sentido para todo?
Solté una carcajada. En aquella pregunta, encontré mi propia respuesta.